Escritor y fotógrafo Argentino, nacido en la ciudad de Buenos Aires, Argentina.
EXPOSICIONES:
OBRA
ADICIONAL:
http://www.sergioabaldi.com.ar
Ensayos refugiados en relatos sobre doncellas, caballeros y otros personajes
• Sobre
un amor inconcluso, que por inconcluso devino en eterno.
En el telar del insomnio las ideas tejieron un tiempo antes del tiempo,
un dolor antes del dolor, y un alma desnuda en un desierto de espinas, compuso
la figura difusa de una doncella habitante de un abismo circular de emociones.
En ese hueco un estoico caballero precipitó su búsqueda al
galope, atravesando distancias siderales para hallar su morada.
La raya del destino marginó de todo análisis esta cruzada,
y una interspersa reacción, instó a su imaginario a pensarla
escondida en un futuro tan distante del presente, como tempestuosamente
amarrado al pasado. Hacia donde huye presurosa la armonía, escapando
del entendimiento lineal de las cosas. Donde se aclaran las lágrimas
de la angustia. Donde se asiste a la comprensión de ese sufrimiento
y los sueños engendran el más bello acto de pluralidad.
Hacia ese frágil escenario dirigió su marcha, pero la tortura
de un divagar eterno fue calando su voluntad, y este viejo jinete, cansado
de andar, desensilló una mañana dejando tumbar su cuerpo sobre
la fresca hierba que supo acunar su bendita ilusión.
Los ecos de
la muerte inundaron a la doncella.
Abrumada por el olvido, acorralada por el instante, corrió hacia
aquel círculo atemporal.
Sus ojos, tan descalzos como su ternura, contemplaron a éste solitario
viajero, pero sin atreverse a despertarlo...
...sólo para que en su sueño, él, la continúe
pensando.
• La otra conciencia
La tediosa
marca del destino añadió a su vida una sepulcral imagen de
esperanza, pero los gritos de una conciencia desgarrada se elevaron para
reclamarlo.
Una angustia distinta desembocaba en sus ojos aciagos fijamente perdidos
en aquellas profundidades.
Lo cautivaron esas señales que nada suele darlas, que no dan tregua
al admitirlas, pero guían en la oscuridad suprema.
Recurrentes sin sabores lo acorralaron al besar cada día el ciclo
superficial de todo.
No podía existir mirada silenciosa capaz de conjugarlo pluralmente.
La elección de aguas correntosas requiere de hábiles y audaces
timoneles.
Mutando disfraces y acumulando renuncias, alejaría de sí la
inevitable presencia que educa y obliga a desear miserables seguridades.
Pero la “cosa” se abastece de concesiones morales tan enormes,
que hacen que todo crezca a la sombra...
En ese duelo se desangran, mezclándose en un remolino de irascibles
sensaciones, un relámpago furioso con la más hipócrita
de las actitudes.
• Contra - óptica de la mirada andante
Escondida en
las sombras de los instantes, sabe soñarse sólo tras esos
ojos escuderos fieles de incisivas observaciones. Evitando estruendos, más
bien en silencio, empuña la lanza que abiertamente se enfrenta a
los molinos de la vulgaridad. Sin más anuencia que la del propio
instinto, percibe ese practico manifiesto en el fastidioso andar de la parodia
cotidiana.
Interrogando la táctica de ese movimiento, no acepta su discurso,
y ovilla el fuego de una pasión que se desvive para protegerla de
la efímera esfera que la rodea, invitándola a zabullirse en
una amalgama de colores que se diluyen en blancos, para tornase en negros
y vuelta a empezar.
Quizá, sólo eso es vivir...
Pero en esa mirada sin dueños se hamaca un espacio sin formas, un
espacio que ni si quiera el cielo pudo envolver jamás. Allí,
los sueños no necesitan de concreción alguna...
...sólo, para seguir soñando.
Y del otro
lado el mundo, continente de cada objeto sensible que en sí mismo
coexiste, que en él mismo se deshace...
...un mundo desimaginado, invadido por el cuento de la vida justificada,
donde las hadas de lo superfluo pretenden opacar el brillo que esa mirada
expresa, donde el revés de lo aparente tampoco es el aspecto real
de las cosas... y como base de la razón, un pensar que respira el
resultado aritmético enquistado en la conciencia.
Entonces, para no alentar el desarrollo de ese ejercicio contraponiéndose
a él, esta mirada inquieta, recorrida por la intemperancia, decidió
retirarse...
...Ensayó estas líneas, y acariciando el desprecio del hombre,
encerró cada uno de estos versos en una botella que arrojó
al mar de los ensueños, guardando la esperanza de que aquellos ojos,
capaces de enredarse en el alma de la luna, la puedan llegar a encontrar.
• Ejemplo de movimiento
Vuela el silencio
en pedazos ante el colorido baile de las aguas de un océano iracundo
que busca su descanso en los besos de la playa.
Un guerrero que se alimenta de tormentas, las mismas que cualquier esquema
rancio y oprimido desearía neutralizar.
No es el común participante de la inercia de las situaciones, poseedor
de una voluntad inconmensurable es el dueño de todos y cada uno de
sus momentos...
Mientras tanto, en la orilla, hechizada por el vértigo que este gigante
ofrece, la playa se demuele a sí misma al percibir que en vano es
pretender acunarlo para siempre en sus brazos; ya que este agitado movimiento
carga con la gran sabiduría, incluso en los instantes más
sublimes que comparte, de poder retirarse a tiempo.
¡Pues entiende que allí no se reside!
Simplemente, para que la bella melodía de su sostenido andar, perdure
eternamente en los oídos de este inquieto romance.
• ¡Es!
No se porqué
extraño sortilegio sintió que aquél era el principio
de un camino de renuncias. Aunque plagado de cuerdas flojas e inclinados
planos que transitar, no quiso volver atrás.
De todas formas, cruzar ciertos límites, no permite retorno!
Ante el mundo aparente su actitud se relegó a ser la simulación
de una vida interpretada.
Sin bastones, mastica aquella sensación que en su interior vive,
lo carcome, lo enfrenta a sí mismo, pero se manifiesta también,
con un halo de pluralidad tal, que nada hace igualar semejante armonía.
Tampoco hay a quien hacer partícipe de todo este desgarro, pues no
es (-) explicable, porqué no es (-) comprensible. Nada más,
y por sobre todas las cosas, ¡¡es!! (+).
En este punto y como único argumento...
...una caricia intravenosa y la fragancia del olvido.
• Des-carnación
Lacró con silencio y soledad aquello que las circunstancias le enseñaron a sentir. De eso tomó distancia para arrancarle la máscara al dolor. Un camino oscuro que pocos se invitan a transitar. Sin embargo al final, una alegría de piedad despojada emerge, y con belleza envuelve el canto de aquel que en sí mismo se atreve a hurgar.
• El mago artero de sí mismo
Salió
del trabajo y su caminar perdió el rumbo. La intolerancia perturbaba
su marcha. En su cabeza, uno tras otro, se iban derrumbando los ídolos
que alguna vez había encumbrado; esos que en el catalogo social figuran
para que los anhelos no pretendan utopías.
Se miró en el reflejo difuso de un vidrio y se vio cansado de morir
todos los días un poco.
De pronto se encontró frente al tentador reducto del amor clandestino.
Esa noche, como todas las noches, el reloj no lo obligaba a nada, y conociendo
que su estirpe se alimenta de desasosiegos, entró. Allí la
tormenta vaciaba corazones, pero aquel sujeto se había convertido
en el mago artero de sí mismo, y entre los rutilantes comodines de
ese póker de soledad, eligió a su cenicienta.
Intuía que no iba a haber zapatos olvidados que devolver, pero igual
llevó adelante la escena. Su amor, duró lo que un amor debe
durar para poder seguir creyendo en él. Claro, el tipo no era de
los que suelen adornar la vida, aunque a la vez se sintió avanzado
por una organización cruel de pensamientos moralmente educados que
procuraban sacudir su interior y empañar aquel hechizo; pero para
ese entonces, la noche ya había cabalgado todas sus horas, y por
la hendija de una ventana mal tapada, un haz impertinente de sol discutía
el final de aquella suntuosa función.
El tipo pagó lo que había bebido, que por cierto no era poco,
se arregló la corbata y miró a su alrededor, no había
de quién despedirse; sabía que por el borde no se camina de
a pares, y sin sacarse la galera se fue a desayunar...
...Mozo, un whisky por favor.
• El pacto de los ángeles disidentes del destino
Las horas de
la noche, en su imponente andar, parecían no brindarle descanso al
estertor de la tarde. En esa confluencia de luz y oscuridad, los duendes
de la fantasía recortaron el tiempo, y dos ángeles de nómades
ilusiones se soñaron dentro de él.
La emoción para protegerlos no permitió que el pensamiento
llenara sus bocas con palabras que no dejaran alimentar el misterio.
De la nada, un enredo de frases se reconocieron mágicamente, y perdidos
en el camino de las estrellas, un puñal clavado en el cielo disimuló
el deseo de un beso...
...demorado, sólo para no romper aquel hechizo.
A la vez la tortura de un latente despertar, los invitaba a transitar la
urna que encierra la suerte de todos los mortales. Sin embargo, sabían
que sólo basta un duelo con la razón para burlar al destino.
En ese cavilar, y como único amor de prueba, una caricia en algún
lunar del alma...
... y con la promesa de no ensayar despedidas, dejaron librado al sueño,
el soñarlos en otro sueño, que los vuelva a encontrar.
Después, el sonido de las copas en el aire.
• En los techos del silencio...
...enmascara
la niebla las cumbres de un reino de inquietantes soledades...
El viento se desangra en llanto ante las imponentes figuras que allí
se alzan.
El sepulcral silencio que practican perfora los posibles estados de coherencia...
...o la coherencia que suele adoptarse para cada estado.
Un reino que bajos sus rocas guarda un puñal...
...asesino implacable de la soberbia.
Donde no existen mangas para los ases, ni mazos que apañen al resto.
Donde perecen las ingenuas tentaciones, y aflora de todo valor despojada,
una mirada nueva que con vehemencia vomita su infortunio, ubicando a los
portadores de esta visión, de cara frente a la imagen de sus propias
estructuras.
Verídica proyección de conductas hipócritas e insignificante
pasiones que supieron arrebatarles la armonía y lo plural.
Y ahora ahí, anclados en la inmensidad, casi inmóviles, tambalean
todas las seguridades.
¡Pero cuidado con la elección!
Se resume en vida, muerte, o vida muerta.
Algunas veces subir implica el más cruel de los descensos,
y si ese espanto purifica...
...bienvenidos al horror entonces.
• El porqué del mundo paralelo del jinete de la incertidumbre
Adicto a componer
historias fuera del foco de lo habitual, eligió desligarse de todo,
y ante el descuido perpetuo del alma, parece hacer caso omiso de la disciplina
que el medio, para sustentarse, exige.
Ese estilo lo condujo a eludir los sonidos que envuelven la noche, y sin
enredarse en la angustiante quietud de alguna nostalgia, se convirtió
en la diestra de un vértigo incontenible.
Presentía que los gestos del mundo aparente enturbiarían el
alba de sus sueños y optó por el silencio para preservar su
espacio.
¿Cuantas
cosas suelen pasearse por el cerebro en esos instantes perdidos en el tiempo?...
y sólo para revisarlas y seguir olvidándolas otra vez. En
cambio él, mas allá de ese tiempo y de toda distancia, escindido
del resto, es guiado por ideas sin nexo, sin conexión manifiesta,
sin sentido...
...ideas dueñas de un movimiento electrizante que alimentan su avidez
por hallar...
...y hallar para desvanecerse en el asombro.
Con señorial desparpajo se sumergió en la inquieta danza del
viento, colmando sus momentos de armonía, tanta, que supo armar una
fiesta de su propia soledad.
Y aunque a su alrededor gira incesante el prudente bosquejo de los sueños
más deseados, esos que conforman el empalagoso néctar social
al cual todas las moscas sin excepción asisten, el jinete de esta
ilusión, esparce su vida sobre el almácigo de la incertidumbre...
...donde perecen las seguridades que pretenden calmarlo, pero también,
donde el vínculo con la creación, renace en cada espasmo.
• Tuvo lugar un duelo mas allá de las constelaciones.
Un osado caballero
arrojó su guante a los pies de la creación y retó al
último de los dioses.
El gran buey vio tambalear su reino ante semejante desafío.
Nunca creyó que alguien pudiera imaginar su muerte.
Culparlo por su atrevimiento sería afirmar mi propio lamento, pensó,
mientras pergeñaba una estrategia despiadada...
Sobre sus tribulaciones se precipitaron los cortes de una espada que abrió
las puertas del cielo para que un sol nuevo asome, haciendo titubear las
culpas y tornándolas en alegrías, desenmascarando al drama,
concebido como abreviatura del dolor, y arrancando esa angustia digitada
del pecho de los hombres...
La sangre derramada hacía temblar las entrañas de la tierra.
El dios, con ojos de derrota, improvisó un pacto desesperado, y a
la hora de envainar, apuñaló al caballero por la espalda.
Todo, absolutamente todo, fue una vez más el gran olvido de un abismo.
Pero el caballero resultó ser el eterno señor de los intersticios,
y en todos los inconscientes bullen los ecos de aquella batalla.
Quien tenga el valor de cabalgar esas profundidades, hará revivir
la enseñanza de aquel soñador, el resto, en una aburrida muestra
más de su mediocridad, ¡que se bienvenga a la noche eterna!.
• El puente de la angustias
Desechó
el concepto de interpretar todo a partir de lo ocurrido, y se internó
en las profundidades más remotas en busca de la raíz que engendró
el brote de su simulación.
Desafiando la espacialidad de las cosas, dio vuelta la última página
del libro de su vida, y bajo la mirada sospechosa del tiempo, antes que
el destino lo implique, practicó consigo todo lo que fuera necesario
y fatal.
Sabía que transitar un camino de renuncias perturba el marco preestablecido
en el que se reside, donde yace todo lo que de antemano rige...
...e interpelado por aquello que en el hombre mora, que ni explícito
ni implícito está, pero que mordazmente en él permanece,
abrazó la inevitable marcha de ver.
Y como esa causa está más allá de adhesiones o de poder
ser descartada, para limpiar sus entrañas de recuerdos mezquinos,
cruzó con furia el puente de las angustias...
Pero del otro
lado eternamente espera una nueva angustia, verdaderamente despiadada, seductora
e inabandonable...
Aunque, y en detrimento de la primera, en vez de arrinconar,
suma inquietudes.
• Tiñó
de abandono cada uno de sus impulsos, los arrojó a las aguas del
Leteo y llenó sus alforjas con mesura y elocuencia. Ese letargo le
obsequió tranquilidad y un bostezo para acompañar sus actos.
Esporádicamente deambula por su cabeza, taciturno y sin remedio,
el reposo de aquellos sueños que se atrevió a olvidar. Pero
el fantasma hambriento que habita en su interior se había empeñado
en no brindarle descanso.
Ese fue el preámbulo de una tristeza que lo atormentaría siempre.
...Esta vez, las astas, tomaron al torero por el esternón.
• ...Aquello que al círculo del tiempo cede su raíz, florecerá nuevamente, y mucho más bello aún.
Era un velo
de tempestuosas inquietudes el que a sus ojos envolvía. Dedicados
a mirar lo anterior de las cosas, fueron los que me incitaron a sumergirme
en su intrigante profundidad.
Detrás de ellos, una doncella, casi inmóvil, esperaba le propongan
desandar desafíos.
Así comenzó el vértigo de un viaje sin final.
Sin más, una burbuja encapsuló aquel encuentro...
...tan especial lo hizo, que fue como si el destino, perplejo y sin sentencia,
dejara a la deriva nuestras almas; y en un parque desnudo de testigos, amarré
todos mis desvelos al deseo de esta dama.
Parecía haber venido de otro sitio, habitar en otra época,
sin pasado, sin futuro, un sitio donde todo a cada instante vuelve a empezar...
Puede que esto pertenezca a la imaginación de un Dios lejano, quien
soñó que la doncella y yo, nos habíamos topado antes
de ser nosotros los que hoy aquí estamos.
Y aunque involucrados en ese desconcierto intemporal, no hubo lugar para
excusas baratas, ya que ambos enseguida supimos que este mismo hecho sucedió,
y que a menudo se recrea el ámbito para que todo ocurra de nuevo,
y de nuevo ocurra otra vez.
Claro que para ello, se necesita de los ocasionales actores que pisen este
escenario, interpretar despiadadamente ese extraño libreto que en
sus entrañas reside y de pasión se alimenta.
Pero suele la razón educar corazones, y temerosos los vuelve de un
irascible palpitar.
Temerosamente cómodos los vuelve, ¡tanto!, que hacen de las
desgarrantes y transparentes sensaciones, un cuadro más, en el aburrido
museo de imágenes mundanas.
¡Por eso, y por si acaso calló!, aquel que antes de mí
actuó, dejo estas letras escritas para que el anillo del tiempo recupere,
y con sangre exprese, ¡cuanto!, por la doncella de antaño sintió...
... respecto a la que hoy visita estos momentos aquí,
seré yo, el que se lo diga por mí.
Uno de mis días
• A la
sombra de un parecer ser, un entender lineal es forzosamente seguido de
un accionar lineal. Así educada la humanidad conserva intacta su
estigma.
Prefiero una conducta irreligiosa que raye lo atemporal, y no este angustiado
cortejo social usado como idea abominable hasta para las más impensadas
de las cosas.
Será que hoy cargo con mis estados de ánimo, o mejor dicho,
con el ánimo del estado en que me encuentro; por eso de la culpa
ya no armo dolor, pero tampoco quiero dioses bajo mi mando, porque a esta
altura, este intrincado espectáculo deja ver, que las almas serviles,
sólo respetan lo violento.
• La
caricia de un castigo encadenó una cruz al tiempo...
El misterio y el azar libraron su esencia a poseer todo sistemáticamente
calculado, y un hombre, moribundo en origen, se alió a una servil
esperanza.
De hecho todas las esperanzas no pueden ser de otra manera que serviles...
Nada me sorprende tanto, como esa práctica encuadernada desparrama
su angustia sobre la faz de la tierra.
• Nunca
mi idea, pudo con mi otra idea;
Esa, que no habita en el conocimiento.
•
He puesto el pie sobre numerosas cumbres.
Descansar en cualquiera de esos brazos, creyendo haber llegado, es morir.
• Siento
ser el nervioso objeto de alguna perversa imaginación.
Con sutil manoseo, me somete y me desmaya en los sediciosos brazos de sus
miserables ideas.
Despilfarro en mi garganta el noble trago que enajene de mí, esa
siniestra concepción.
Por fortuna, existe el vino.
• Hubo
situaciones en las que con mis palabras supe halagar a las bestias.
En ese cuadro, me siento Cristo en la cruz.
• Como
una gota de lluvia que se recuesta sobre las olas del mar, se diluyen las
educables sensibilidades que en la humanidad residen. Un camino que en tono
fraguador guía hacia todo aquello que llamamos emoción. Simplemente
esa ficción ideológica que terminan siendo las sensaciones.
Sofisticado encuentro de soberbia entre lo que el hombre es, y lo que nunca
sabrá que en verdad también es.
Sin más adorna este escenario, un cuerpo voluntarioso que se levanta
a la mañana, y muerde el pie de una letra descompuesta que conforma
el libreto de una fábula.
Enérgico proyecto donde todos sienten ser la garra de un león,
o la lágrima de su víctima.
¡Miserables roedores de una idéntica sensación de conformidad!
¡Quiero verlos enfrentados al horror del águila solitaria!
• Besa
los márgenes de la inmensidad, la tempestuosa desesperación
que mi interior habita. Su grito sólo halla reposo en cada letra
que escribo, bastión inexpugnable para mis sensibilidades...
las mismas que pretenden de mí adueñarse, y a quienes hoy
les exijo enfrentarse a su propia destrucción, pues su origen me
produce desconfianza.
Criadas entre hábito y moral se pasean por lo límites que
estos dos instrumentos configuran.
¡Y decir límites es decir muerte!
Por eso quiero verlas capaces de dar muerte a lo muerto, de ser la aseveración
dolorosa de algo que con furia late a mis espaldas, de saber rehacerse continuamente,
nuevas y más amplias
Siempre la búsqueda de lo interminable, para encontrarlo y hacerlo
añicos otra vez. Pues sólo haciéndonos añicos
afirmaremos la potencia de la vida, sólo así nos convertiremos
en algo absolutamente inusual.
• Fuego
desesperado y viento como alimento...
Nunca lo había sentido así, pero mi inteligencia, sea ella
en su capacidad, poca, mucha o nula, ha adquirido la destreza y la picardía,
sobretodo la picardía, para hacerme comprender que esa es mi vida...
La otra, aquella para la que fui educado, es nada más que otra de
mis miserables apariencias.
• Poseo
el deseo de aquello que a través de los ojos en mi se ha instalado.
Incluso sensaciones siento que me han sido inculcadas.
Reina en mi la furia de saberme desesperado...
y pertenecer a la siniestra dinastía, de una lágrima desprendida
de un ojo, del cual nada sabemos.
Pensado, escrito y dicho desde afuera del dolor.
Sepan los hombres que
la mujer nunca selecciona a quien vuela más alto, sino al que lo
hace a su misma altura, es decir al ras del piso.
Prólogo
“La ambiciosa
tarea de encarnar una obra sobre los vaivenes de la existencia, me conduce
a martillar directamente sobre su único comprometido, el hombre y
la actitud que adopta, ante un origen sin respuesta.
A sabiendas de antemano, debido a la inconmensurabilidad que esta temática
encierra, no podrá ser esta obra, de otra manera que inconclusa.
A ella, por ese extraño designio que no habita en el conocimiento,
y que por eso queda exento de toda posibilidad de análisis, he decidido
dedicar el resto de mi vida, a sostener el compromiso de alimentar su argumento,
inyectando cada nuevo escrito, con la mayor intemperancia que aborde a mi
ser.
Para la presentación literaria, he agrupado su contenido bajo tres
denominaciones o subtítulos: 1 Ensayos - 2 Uno de mis días
- 3 Ensayos refugiados en relatos sobre doncellas, caballeros y otros personajes.
Para otras representaciones, como por ejemplo en galerías de arte,
son estos escritos secundados por imágenes fotográficas (ver
http://www.sergioabaldi.com.ar), naturales unas, descompuestas digitalmente
otras. En ellas predominan composiciones que se demuelen en un aparente
fuera de contexto, capaces de desplazar la interpretación aliada
a lo primero - practico - conocido, desorganizando las educadas sensibilidades
del espectador.
Posterior a esto, adviene presurosa en él, la necesidad de asociar
el contenido de esa imagen fotográfica, con alguna realidad a la
que el entendimiento adhiera, para que la inquietud halle justificación
primero y reposo después.
Así, toda significación vertida sobre la imagen, es meramente
eso, y sólo como significación tiene valor, porque lo más
importante, como en todo, radica con antelación a una interpretación.
Algo que en el no-lugar de los lugares permanece para poner en vilo a la
existencia.
Algo intangible de lo que el hombre ha sabido desligarse e incesantemente
en su devenir diluye, evitando regalar las inquietudes al asombro, o arrojar
a la eternidad el instante en que nace una misteriosa emoción.
¡No alcanza siquiera con reparar conceptualmente sobre esto!, en el
lecho de la comodidad cualquier rebelión es de pronto sofocar, y
es esa perezosa cultura la que logra que se atesore lo otro, como único
fundamental.”
Ensayos
• Asomó
de su letargo un sueño vago, revuelto y tan lejano que parecía
no haber pertenecido a ser alguno.
Antagónico es que el hombre sea su protagonista ya que nunca pudo
afirmarse como tal, dado que su conducta es la negación constante
de sí mismo.
En consecuencia la convicción que tiene frente a lo concibe como
su realidad, carece de sustento, pues aquello que habita en el hombre, ¡Jamás
es el hombre!
• No
hay retorno para quien se exilia de uno mismo.
Tampoco el castigo o el perdón reinan en esas profundidades...
Sólo la extrema practica del pensamiento como púa de un alambre
que ahorca el alma.
¡Nunca habrá sepulcro para esa desesperación! ...
...hasta la más bella de las metáforas oprime sistemáticamente.
¡Pero también en ese abismo, los salvajes ángeles de
la creación!
• Ante
cada necesidad que descubras, presta habrá una posibilidad que abanique
esa desesperación.
Un yo que se aprecia finito e infinito a la vez, en lugar de (ser) inquieto,
es inquietado y corre promovido por los estímulos.
Por eso, no te mires al espejo con prudencia, sométete a los límites
interiores.
¡Plantado en ese espacio comienza la batalla!
Puede que la mayor experiencia sea recalar en el desasosiego que en sí
mismo el hombre atesora...
Claro que cualquier sutileza haría desechar esa postura.
Suelen a las margaritas despojarlas de su atuendo, pero nada invita a descarnarles
la raíz.
Revuelve el horizonte de las angustias del yo...
... y quizá, amanezcas.
• El
sujeto alimenta con su desvelo por una selección continua de opciones,
su paso por la existencia. La conciencia de “lo conciente permitido”,
se esmera en adquirir o desechar el producto disponible, alojado en la esfera
de lo que acontece.
Producto con antelación emplazado, e indefectiblemente adoptado como
indispensable y fundamental.
Restringido en este reino está el hombre, cómodamente posado
en los anaqueles de lo predecible.
• Estamos
entrenados para desdeñar aquello de lo que somos incapaces de volcarle
algún sentido.
Sin embargo adoramos que los deseos coincidan con el mundo aparente, mediante
alguna artera interpretación psicológica que los vincule con
valores preestablecidos para justificar la vida.
• El
hombre y la evolución cangrejo
...Y
la apatía fue el primer gran defecto de este huérfano animal.
Defecto que lo precipitó a que arroje sus ideas al viento; y desde
ese solemne acto, un ilustre tecno-show con su artilugio amasa el porvenir.
El sustento de todo esto: una dialéctica industrial que disfrazó
al instinto y todas las mañanas desayuna con cicuta.
Pero a cada sol le llega un eclipse e inevitablemente todo volverá
a su inicio. Y ese inicio, fue un mundo sin el hombre en él incluido.
¡Esto!, muy a pesar de aquellos quienes prometan, que tu sonrisa será
incluida, en la estampita del futuro.
• Sobre
los techos del silencio continúa sonando casi indefinidamente el
argumento hostil de una memoria acaudalada en detalles. Detalles de un todo
singular que ante el parco parpadeo del destino, despliega su soberbia y
resucita recuerdos mezquinos que aquietan, arrinconan, y atan al pasado.
Sin embargo, si no hubiese memoria tampoco habría historia; pero
si con eso a cuestas, el hombre devino en el austero arquitecto creador
de un existir destilado; sería mejor permitir desarrollar el olvido,
el olvido en todo su esplendor, incluso hasta olvidarse de uno mismo...
...y que cada mañana sea menester la generación constante
de una recreación constante de la creación constante de sí
mismo.
Quizá sólo así entonces, asistiremos al día
de nuestro verdadero nacimiento, pues el simple hecho de irrumpir entre
dos piernas, nada nos dice de estar vivos.
• Nos seduce la idea de ser distintos, pero dentro de los cánones de lo permitido y protegidos por la vista de todo el mundo.
• Del
fuego consumido en la hoguera del pensamiento, se desprendieron las cenizas
inquietas, que desencadenadas viajan en la noche, para posarse en la falsa
pluma que ensaya el alivio de las emociones.
Ahogado manotazo que intenta disimular el eterno desgarro que habita en
el hombre.
Así se presentó la escena fantasmal que se atrevió
a inundar su vida, convirtiéndose en la perpetua tarea de cada uno
de sus instantes.
Proceso ordinario que adolece de misterio y obtuvo del devenir humano, y
para su comodidad, un conocimiento organizado...
...sólo, esa triste colección de fenómenos psicológicos,
que hoy, es el hombre.
• ...y
el “yo” tomó distancia de sí mismo tornándose
en un “él” altamente analizable y psicoanalizado. Esto
deja a las claras una especie de resumen burlón de un ser, que avergonzado
de ese acto, permanece inquieto cual abismo acorralado, interpelando al
hombre a cada paso.
Pero el mundo alegórico sostiene como sea su discurso, y es esa cosmogonía
pérfida, la carga verdades transitorias, que gestan una letárgica
pereza, manifestándose en la especie humana como impulsión
reactiva ante los estímulos.
Sobre este síntoma giran las tesis y antítesis que disimulan
la verdadera afección; y todo ensayo sobre él, es sólo
una metáfora del momento social acontecido, que aviva la ciega adhesión
de cuerpos indefectiblemente destinados a componer personajes apócrifos.
La tarea es liquidar de prepo ese hábito conducente.
Lamento la forma pero es tarde para medias tintas. ¡No existe esperanza
en el futuro!
Pero quizá si se encuentre oculta en el más lejano de los
pasados. Por eso el ejercicio debe ser contra uno mismo. ¡No hay enemigos
afuera!. Desconfiar incluso de lo que se siente, estar dispuesto a la renuncia
de las culpas, angustias o comodidades que el medio modelador indica. En
lo más oscuro de nuestro interior comienza la búsqueda.
Pero señalar el camino debilita la enseñanza. Dejo esa tarea
al tiempo, pues sólo él será quien destroce las palabras
y los actos, de los adoradores de lo efímero.
• El
sano ejemplo de vivir lo simboliza en el hombre, un regocijo en lineales
actitudes seriamente proyectivas, fieles al menú que la exégesis
de lo calculado ofrece.
Los sueños se hunden en el oscuro océano del desencanto, se
ausenta la armonía y lo inquietan ciertas sensibilidades que no tambalean
en la delgada cuerda de la existencia; pero a la vez lo consuela un ensombrecido
abanico de posibilidades.
En ese esquema el tejido de su vida se deshace ensayando el bienestar, y
reciclando su miseria.
• ...el presente es el sueño de un futuro, nacido en el pasado.
• La
causa de la decadencia de la humanidad:
...algo sumamente domesticado.
• Exégesis
de los anterior:
Lo decadente no es la humanidad.
¡Sí su instinto!
• Las
sensaciones que el individuo posee ante los acontecimientos y las cosas,
varían según el grado de desesperación que se le asigne
a los mismos.
La idea de adornarlos con análisis justificativos o acomodaticios,
provocó la negación sistemática de la existencia, de
un estado anterior a la mayor o menor habilidad para reaccionar tácticamente;
un cambio de apuesta ante las posibilidades que el medio ofrece.
Dicha habilidad tanto en un extremo como en el otro, está tan cargada
de pragmatismo, que raya lo minúsculo, porque siempre, habrá
algo más allá del tiempo y de la forma, reclamando nuestra
ausencia.
• Debe
el hombre con todo desgarro que la vista de su “otra” conciencia
lo fuerce a experimentar, practicarlo con sí mismo.
¡Nadie más ha de ser partícipe! Pues no es un movimiento
político.
El resto de esa llaga, que no pueda ser hecha carne, será su propia
“otra” hipocresía, la cual se manifestará con
flores eufemísticas, merced a la conveniencia en el desenvolvimiento
de su vida ordinaria; un movimiento político.
Esto último, es lo que gana la vida del sujeto, generalmente sin
que jamás perciba lo otro primero y principal.
• El revés de lo aparente, tampoco es el aspecto real de las cosas, pues dado el mundo así hasta hoy concebido, todo sentido volcado con pretensión intrínseca sobre las mismas, continúa fundado en apariencias.
• El
ocaso se hizo presente y garabateó los rostros de los dioses.
Acida función de la cual una sufrida calamidad emergió para
ahogar lo plural.
Aún hoy esa línea recta dirige al pensamiento y la conciencia
carga con una ciencia sin cargo. Triste catástrofe imaginada por
una perversa cicatriz.
¿Por qué no merecer seguir sangrando?, si quizá sea
ese nuestro destino.
¿Por qué un coagulo involuntario perfuma el desgarro?
No importa que mienta, no importa que esconda, alcanza y conforma con su
olor rancio. A la vez una masa inclinada abdica impulsos ante los ojos del
gran buey, sabiendo de antemano que esa turbia apuesta regala cierta pista
estética.
Acto seguido, un manifiesto vulgar...
• El
mendigo se ha convertido en el gran estadista de la sensibilidad y de eso
ha hecho su negocio. Este espectáculo lo apuntalan las almas dadivosas
que emergen entre las sombras. Sin embargo, dar u ofrecer debe ser considerado,
quizá, la más sutil de las artes, y no una caridad redentora,
igual a una hosca comezón, provocada por una primera sensación
repugnante que asoma disfrazada de bondad.
Pero para qué buscar diferencias entre dadivosos cumplidores y ávidos
indigentes, si ambos son portadores de una misma miseria que encuentra su
opuesto sólo en la dialéctica. Esto, por encargo de una gracia
crucificada, que hace miles de años no para de rumiar su angustia,
exigiéndole al hombre que se esfuerce por justificarse humano, algo
que éste jamás pudo lograr, y evita hacerse cargo de ello
adoptando el rol de mendigo del perdón. Un espíritu resignado,
que asiste al templo, baja la vista, y casi en silencio, eleva al cielo
su pedido.
• Metodología
del sentimiento moderno¡No cabe ninguna duda!
El símbolo del “sentir verdadero” en esta era, es una
efervescencia envasada que al ponerse en contacto con el medio, se aplaca
abruptamente.
• Si
las sensaciones que habitan en el hombre pretenden ser la afilada hoja de
una navaja...
...que por todos los dioses y sin titubeos, se atrevan a cortar aquello
que del fino hilo de la agonía pende.
• Resguardarse en los puntos de vista, es sólo mirar el mundo superficialmente.
• Oculto
en el interior humano acecha un zorro astuto y malhumorado, manipulador
de las sensaciones, el que deshace las formas de pensar...
...las formas en general.
¡Qué consiente y perpetuo se torna lo hipócrita que
uno es con sí mismo al probar la fruta que ofrece!
Es en ese instante cuando más alto aulla, pues sabe que está
siendo escuchado...
Pero a la vez su tristeza es grande, al ver que ésta raza de capitanes,
ni siquiera necesita barcos para hundirse.
• Un
yo soberbio apuntala la idea de un cerebro independiente, sostenedor de
la autoconciencia.
O al revés, da igual.
Maravillosa idea, sólo para conjugarse en sociedad.
• Sobre
lo que devino del psicoanálisis
Inevitablemente
el efecto de toda causa, es un resto.
• Acaricia
las luces del firmamento, un águila inquieta en busca de aquel que
se anime a soñar su vuelo.
Su instinto increpó a los dioses por la impasibilidad sembrada...
Quienes la cosecharon no tardaron en hacerse oír.
Pero justamente, un instinto a quien pretenden frustrarlo los argumentos
de la razón, nunca hallará reposo, y eso...
... es lo mejor que podía pasarle.
• La
causa muta de efecto en efecto.
Nada más efímero aquello que el hombre considera su acción.
Un remedio provisional.
• Considerando hacia donde marcha el comportamiento del hombre, debería su instinto ser inyectado por una dosis de tal de desesperación, que sacuda los genes de la inquietud.
• Sobradas
muestras de debilidad dio la humanidad al refugiarse en eso que llama verdad.
Sólo una postura más, derramada sobre la conciencia, por el
artero caníbal de la única realidad que no necesita de verdades
que la sostengan.
¡La realidad de ser!
• Aquel que con su mirada recrea, ¡¡vive!!
• Demolieron
la sonrisa de la tragedia, un diablo que dicta misa y un dios arrepentido
que confiesa ante él todos sus pecados.
Su hijo, crucificado, sostiene la niebla sobre este diálogo...
y de los clavos de esa cruz, las religiones su permanencia colgaron.
• Es
la fe la posibilidad existente para que el creyente halle descanso. Basta
creer para que sea ella quien jale las riendas del pensamiento.
Perder la fe es aceptar que nada hay, que sólo vertiginosamente,
¡somos!
• Asilar el ejercicio del pensamiento en instituciones, aceleró la marcha involutiva del hombre en esa practica.
• Si retomando aquella sentencia “pienso luego existo”, y vemos que el marco en el que el hombre construye el conocimiento de lo que llama realidad es nada, entonces, ¿cómo puede ella engendrar existencia?
• Rodando
el vuelo de las alturas, fue la voluntad del hombre herida por la misma
apatía que él, supo en su interior albergar.
Sin embargo una herida que sangra debe ser señal de vida aún.
Quizá produzca dolor...
Pero tener el valor de encarnarlo, seguramente provocará también,
el reencuentro con aquellas alas vertiginosas; las que sabrán devolverlo
a ese rodar eterno que no tiene meta alguna; pero que tampoco, gira en falso.
• Recorre
desesperada el borde de la existencia, la extraña sensación
que confió en el hombre para que exhiba su pureza.
Predeterminado sujeto que supo armar su propia pista de obstáculos
con un abismo al final.
Dueño de una pasión desarrollada a expensas de lo externo,
es sólo la reacción de un estímulo promovido por la
pereza.
Sometido a la tiranía de una tendencia ordenada, ya no hay consuelo
que amortigüe su caída.
Sin embargo, el estertor de aquella pulsión, en la raza humana permanece,
y siempre existen quienes, inevitablemente a su llamado asisten.
Ellos, que ante los ojos uniformes son portadores de una postura apocalíptica,
logran que la eterna raíz, vea como sobre el desconsuelo, florece
la metáfora de su propia poesía, ¡ser!.
• En
el hueco del tiempo nada concluye,
sólo para que el remolino del instante,
gire eternamente.
• Un
hijo, el supremo de ellos, acaso por pedido de su padre, asintió
que su esencia divina se mezclara entre los hombres.
Su mejilla fue el saldo del momento y el amor se convirtió en un
sufrimiento altruista que se arrodilla a la espera de una caricia sanadora.
Esa sumisa enseñanza trascendió, y de la glorificación
de ese amor así sentido, emergió paralelamente una terrible
y visceral sensación de codicia.
Así, a cada nuevo deseo de conquista, a cada nuevo deseo de posesión,
lo llamamos amor. Sentirse el guerrero piadoso de abordar aquella otra alma
y dominarla. Ese será el estigma del enamorado, pobre y esclavo de
su propia indigencia.
¡Poseer hasta el cansancio!. Pero el cansancio sobre lo obtenido,
no es otra cosa que el cansancio de uno mismo.
Por eso, tanto ávidos como satisfechos de éste amor, en cada
flamante intento de practicarlo, terminarán anclados en el templo
de lo habitual, y allí todo sabe a mediocre, falso, insensible y
reposado. Absolutamente nada puede ser real desde el hábito, pues
es este gélido instrumento el que da muerte a todo lo vivo.
Quizá entonces, sea necesario respirar un amor irreverente, sumamente
hábil como para matar la muerte de lo habitual. Un amor que casi
en silencio confiese su desgarro a la noche eterna, que vaya mucho mas allá
de la estúpida problemática de los celos del enamorado, de
su interés y de la sospecha que engendra ese engañoso movimiento.
Un amor que traspase la barrera del tiempo y la distancia, que su grito
despedace las montañas, respirar un amor infantil, transparente y
descarado, capaz de saberse eterno por su constante renuncia; y no seguir
profesando esta turbia pantomima que enjauló a un león, dejándolo
cautivo para siempre, sin permitir que alguna vez supiera, que para amar
verdaderamente, sobre todo ideal, deberá prescindir del vicio egoísta
que su condición personal le sugiere.
• Salpica los orígenes sociales de la humanidad, el regodeo
constante dentro de un medio que se nutre de verbos predeterminados a la
espera de alguien que los conjugue.
En el sistema debe germinar el equilibrio, los roles aunque antagónicos
deben cumplirse.
Así, por ejemplo, las rebeldías son acunadas por las mismas
manos que acarician la causa contra la que reacciona el rebelado.
Sofisticadas convicciones pretendientes de sostener verdades a ultranza
son el hilo conductor de un a favor o en contra devenidos en valores primordiales.
Esa es la punta de lanza del sujeto, engranaje predecible de un pensar convidado
que lo atesora como propio.
En esta ecuación determinada la multitud enardecida vierte su alarde
de pluralidad. Flores solidarias de raíces egoístas, soldados
de un sin número de frenéticas razones capaces de engendrar
culpas o remordimientos, hasta en el más indiferente. Masiva pero
dispersa reacción de un cerebro colmado de opiniones, que naufraga
en el río de las ignominias, sin ser capaz de imitar a la naturaleza;
quien hasta en su manifiesto más violento, lo hace con espectacular
armonía.
• Necesita
el hombre de obras siderales para afirmar su altura.
Sobre esto, seguramente la sociología haría alarde de una
excelente explicación.
Yo sólo vi que un águila, nunca despliega sus alas en vano.
• Una evolución de consecutivas evaluaciones cuantitativas sobre los actos, inevitablemente hacen de eso que el hombre vulgarmente llama cable a tierra (su salvación), el contacto directo con su reposo, la mayor de sus mediocridades.
• Toda
explicación neta carece de efecto. Por sobre el diagrama técnico,
debe el docente ser capaz de fomentar la inquietud por el descubrimiento.
Es decir; un buen maestro ha de ser el hábil malabarista del misterio.
• La
humanidad:
Un ojo ebrio de nada que se consuela con respirar.
• Ningún dios debería valerse de las carencias de sus fieles para castigar.
• La
interpretación de las cosas, es el proceso común que la capacidad
de la conciencia brinda al sujeto.
Pero por encima de todo entendimiento, la desesperación cuelga cascabeles
en esa venenosa serpiente, que con el urticante ruido de su andar, destila
y presenta al instinto en educadas sensaciones, devenidas en vegetativas
actitudes pretendientes de saciar su avidez, escudriñando y negando
lo ajeno para poder afirmarse.
El mejor alivio para una eterna frustración...
Brotada de esa infección, ayuna la posibilidad que hasta el más
insignificante de los actos, pueda ser considerado una acción en
sí misma.
• Un
sujeto jamás actúa sin el predicado.
Imagínense el resto.
• ...ha sido siendo, merced a lo que será, para ser ahora.
• Aunque
las cenizas abrumen y tornen con su sombra a todos los soles en ruinas...
...merezcan la vida, quienes con eso logren aún, crear poesía.
• No
hay dolor en el pesimista, tampoco brillo en el optimista. Aunque parezca
un juego dialéctico, ¡no son opuestos!
Ambos conforman la cómoda imagen de la decadencia.
• Principio
fundamental:
¡Ser implacable con uno mismo!
• ...Quizá aflore en esencia la pureza en los actos de la raza humana.
• Mensaje
a las ciencias:
¡Que
quede claro!
Una eterna sin respuesta es la que sostiene a la humanidad y su razón
de ser.
• Ninguna
afirmación deja tan expuesta la ficción que el hombre representa,
como cuando dice: ¡Soy yo!
Añadido a esto actúa como la difusa sombra de sí mismo.
• El
valor primordial del cual un sistema se nutre es la mediocridad...
...basta observar a quienes ampara para darse cuenta.
• Centurias
y centurias de nada.
Como consecuencia, esta conducta.
En resumen,¡más nada!
• Ha
comenzado Oriente a saborear actitudes Occidentales.
No cargo este hecho sobre ningún imperio.
Simplemente, se ha demorado el manifiesto de la decadencia en el instinto
de esta raza.
• El
hombre, el eterno expulsado de sí mismo...
...esa caricatura atávica del ser.
• Los
procesos de comprensión y asimilación de una extinción
cultural, resultan extremadamente lentos.
En el siglo XIX se ha anunciado la muerte de dios.
Aún hoy, más de cien años después, seguimos
respirando la pestilencia de su putrefacción.
Tanto se acostumbra el hombre a todo, que ya ni siquiera molesta.
• Todo lo que las palabras no dicen, en la poesía late.
• Nos
enamoramos a través del deseo. Es decir, la unión entre la
carencia de dos seres.
Algo que nace indigente.
• Capturado
en el tiempo transcurre aquello que por los ojos nunca fue visto...
demorado en el instante no concurre al devenir...
se sueña a sí mismo; aguja oxidada que escarba la conciencia.
Luego el instrumento de la reacción, un hombre desconcertado por
no saber cómo justificar al generador de su impaciencia.
• Los
puntos suspensivos de un círculo,
contra-mito de una recta,
el recinto subversivo donde la vida se hace y se deshace alternando ilusión
y desencanto.
• Ríen,
tristes de todo,
saben que están llegando tarde y no quedan mejillas que ofrecer.
• Todo
construye a semejanza su propia sombra.
Ha de ser ella, sólo la continuación imitativa y oscura del
todo.
Sin embargo nosotros habitamos la sombra , ¡nunca el todo!
• Para
el águila solitaria ha de existir un único amante...
... la altura.