Escritora
argentina nacida en Lomas de Zamora (Pcia. de Bs. As.). Reside en Munro (pdo.
de V. López, pcia. de Bs. As.).
Desarrolla una intensa actividad literaria (congresos, cafés literarios,
presentaciones nacionales y en el extranjero, medios gráficos, radiales
e internet). Nominación “Mujer del año 2002” por
el Instituto Biográfico Americano (California, USA), y miembro de dicho
instituto (2003). A lo largo de su trayectoria recibió varios premios
y distinciones.
Algunas de sus obras fueron traducidas a los idiomas inglés, francés
y portugués.
Participa en varias antologías (nacionales e internacionales). Poemarios
publicados: “Mensajes del corazón” (1996), “Artesana
de sueños” (2000), “Bajo el ala de un ángel”
(2002) presentado en España, Francia y en Argentina en Cap. Fed., 29°
Feria del Libro, Mar del Plata, Córdoba, Junín (pcia. de Bs.
As.) y “En brazos de dos lunas” (2003).
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POESÍA |
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|---|---|---|
| Angel nocturno | Sentimientos que condenan | Súplica |
| Hoy supe | Luna fugitiva de enero | Siento |
| Conciencia ciega | Punto sombrío |
Degustar la
noche,
con el brillo tenebroso de las sombras.
Soportar la ráfaga de furia,
que se cuela a través de sus labios entreabiertos,
resecando los tejidos apenas amamantados.
Horas ciegas,
encadenan los silencios y suspiros
de su muerte.
Danza nocturna,
marea el vuelo de alondras abrazadas de inocencia,
que de a poco sepultan sus años,
en la cáscara de sus ojos perdidos.
Alguna vez el tiempo podrá detener sus horas,
para contemplar el rostro de un ángel caído.
Y adherir un par de alas, en espaldas abandonadas.
“Transgrediendo
las leyes vaga el cuerpo
con andar silencioso de planeta”
Irene Wigger
El tiempo agoniza,
vulnerable a las horas.
El planeta suplica cambios,
transgrediendo las barreras del silencio.
Y desnudos de piel, nuestras fibras se contaminan
con la inconsciencia de nuestras manos.
Fantasmas en el aire no perdonan,
salpican lágrimas en nuestros huecos
oxidando libremente con su aleteo,
la eternidad.
De pie
mueren los árboles
en invierno.
De pie
se extingue la llama
De los sueños fecundos.
De pie
se nace y se muere
a través de seres albos,
que cautivan seductores el terreno sempiterno.
Vulnerables desfallecen las horas,
en el escenario del tiempo.
Ya se desangra el personaje,
y se derrite de a poco
el opaco maquillaje.
Desnudo y ya sin piel,
De pie,
muere el mundo.
Luna fugitiva de enero
Quise olvidar
los lobos ancestrales,
colgándome de una luna fugitiva.
Somnolienta me inundé en lo eterno,
ahogada por susurros penetrantes.
Sin pudor, aprendí a no esperar nada.
Vestí los segundos con diamantes,
arrojándolos al tiempo ennegrecido.
Enterré mis lágrimas en las retinas
y cloné las costras de un silencio.
Maniaté los lobos ancestrales
y desafié los miedos, bebiendo soledades.
Cristalice los sueños
derrotando abismos fantasmales
y arropé mi vida con la piel de mis poemas,
cautiva de una luna fugitiva de enero.
Sentimientos que condenan
Sentimientos
rotos en la oscuridad
dibujan la tristeza en mis ojos
y se abre el túnel de los abrazos
cubierto por las perlas de mis lágrimas.
Pasos lentos se humedecen,
irritando tus pupilas con el néctar de mis labios
que clausuran una larga espera.
El silencio se estaciona
y en mi cuerpo se alumbra la condena.
Cuelgo mis deseos en la noche,
mientras el latir desafinado de mis venas
se aquieta.
El cuerpo me pesa,
el grito se ahoga y en la espera,
los pétalos amargos de mi rosa se marchitan,
sepultando los perfumes de mis constelaciones intimas.
Conciencia ciega
Silencio inmutable
del alma.
Mente desnuda desprovista de recuerdos.
Síntoma turbulento de horas inquietantes.
El silencio se extiende poderoso,
tras la conciencia perdida.
Sombras ocultas enlutan la cordura cerebral
y el mañana congela un tiempo vencido.
Traviesas neuronas se despojan de ira,
apagando el fuego de ardientes deseos.
Se ciega la noche...
se duerme la mente,
y fantasmas en vuelo se adueñan seductores
de soledades humanas,
que escondidas entre ruinas,
revelan los secretos encriptados
en surcos sempiternos.
Angel nocturno
Degustar la noche,
con el brillo tenebroso de las sombras.
Soportar la ráfaga de furia,
que se cuela a través de sus labios entreabiertos,
resecando los tejidos apenas amamantados.
Horas ciegas,
encadenan los silencios y suspiros
de su muerte.
Danza nocturna,
marea el vuelo de alondras abrazadas de inocencia,
que de a poco sepultan sus años,
en la cáscara de sus ojos perdidos.
Alguna vez el tiempo podrá detener sus horas,
para contemplar el rostro de un ángel caído.
Y adherir un par de alas, en espaldas abandonadas.
Hoy supe
Hoy supe,
leer las noticias olvidadas
que desgarran y atraviesan el mundo.
Hoy supe,
sentir los galopes del alma,
por la turbulencia de una senda angustiante.
Hoy supe,
percibir las caricias del miedo,
reprimidas en el hueco de la locura.
Hoy supe,
ver sonrientes las sombras del fin,
que desvían la ruta de los sueños fecundos.
Hoy supe,
curar las heridas sangrantes,
anestesiando la pena subterránea del olvido,
con la coronación del perdón.
Y hoy supe,
ver en las cumbres heladas,
un rostro transmutado
y la cicatriz de Dios,
tatuada en el ala de un ángel.
Siento
Siento que
mi pueblo
en multitud,
perdió su identidad.
Siento que el túnel del amor
en el mundo,
se ha quebrado.
Siento que los años
mueren de frío,
congelados por no tener respuestas.
Siento que esta realidad asfixiante
en este laberinto interminable,
extermina los sentidos.
Siento las sombras
que avanzan abortivas,
empañando el futuro de los hombres.
Y siento la
máscara pesada del tiempo,
que comenzó a oxidarse en mi.
Mente. Belleza
compleja y desafiante
en permanente adopción
de un cuerpo.
Nativos del pensamiento
se ahuecan asustados por el contorno
de mis ojos.
Situación limite. Llegó el punto cero
y vació mis recuerdos.
Poco a poco el frío intenso
y desalineado del miedo gira en el espacio,
y me introduce hacia la minúscula célula agrietada.
Siluetas expectantes y enigmáticas,
me esperan,
me envuelven entre sombras y lágrimas rosadas.
Tapo con mis manos
una luna ausente,
quebrando los muros de mi cordura,
mientras mis pies descalzos y sangrantes
ascienden como alfombra roja en el aire,
hacía la majestuosa atmósfera
de la locura.