José
F. Pérez
Mi
nombre es José Francisco Pérez y soy natural de Madrid (España).
Trabajo como consultor en una empresa de informática, también de Madrid.
Mi formación y experiencia profesión al poco tienen que ver con la literatura. Tuve formación en Ciencias Empresariales y Comunidades Europeas y mi experiencia profesional, alrededor de casi 28 años, está repartida entre la banca y los sistemas informáticos.
Desde niño tuve afición a la lectura. La verdad es que leo y he leído casi de todo (excepto la publicidad que encuentro en el buzón del correo); pero sólo desde hace poco me decidí a pasar el papel "cosas" que se ocurrían.
La suerte o la desventura, no lo sé, se ha confabulado para que el resultado de mis escritos sean de una extensión que podría denominar "de tipo medio". Dicho de otra menara, no son lo suficientemente extensos para poderlos presentar como una novela, ni lo suficientemente cortos para pasarlos como cuentos; quizás sea por que mi esfuerzo se centra en describir las sensaciones, emociones y el entorno que rodea a los personajes que intervienen en la historia.
Este relato que presento es uno de los que me han salido "cortos". Simplemente espero que este relato sea del agrado del internauta y, por parafrasear a los antiguos cómicos, sólo tengo que añadir que:
"El cuento
fue escrito con intención
de agradar y ofrecer diversión.
Si este fin fue alcanzado,
sea enhorabuena para el lector
mas si no fue de su agrado,
repréndanle todo al autor."
Durante la primavera de 2001 varios argentinos, descendientes de españoles, se incorporaron a distintas unidades del ejército español como tropa profesional.
Aunque la mayoría de ellos ha dejado el ejército español como consecuencia de las pésimas condiciones económicas que se ofrecen a la tropa profesional, algunos de ellos se han integrado plenamente.
A finales de Enero de 2002, España ha enviado a Afganistán un contingente de unas 450 personas como parte de la fuerza multinacional que colaborará en tareas de vigilancia y ayuda humanitaria en ese país.
Tan sólo espero que esta ficción nunca sea una realidad.
José F. Pérez
Madrid, Enero de 2002
Extraño
en tierra extraña
Jaca, 20 de Enero de 2002
Querida vieja:
Espero que vos, el viejo y mi hermana Graciela os encontréis bien;
yo, a pesar del frío de los Pirineos, me encuentro perfectamente.
No sé cuando podrás recibir esta carta porque, cuando te llegue,
mi unidad estará en Afganistán. Nos trasladan allá dentro
de dos días.
Mis compañeros españoles, Diego, el muchacho argentino de La
Plata, y yo estamos preocupados, pues no sabemos que nos vamos a encontrar
en ese lugar.
Aunque los compañeros gallegos son estupendos y los mandos nos tratan
bien, sigo sintiéndome un extraño. Un extraño dentro
de un ejército que me es extraño.
¡Cómo te ibas a imaginar que yo, con lo que odiaba a los milicos
en Buenos Aires, me iba a enrolar en el ejército de España!.
Pero ya ves, después de más de dos años buscando un empleo
en la Argentina, el ministro español nos ofreció un trabajo
digno con un sueldo aceptable acá en España, y todo gracias
a vos por ser española. Era mi oportunidad para dejar de ser una carga
para la familia y quitarme el complejo de inútil. ¿Recordás
mi alegría cuando me entregaron mi pasaporte español?.
Vieja, no sabés lo duro que fue jurar la bandera española; fue
como arrojar fuera de mí todo lo que había sido hasta entonces;
pero al poco me percaté de que era sólo un trámite más.
La pasada Navidad ha sido la primera que hemos estado separados y seguro que
fue duro para todos ustedes como lo fue para mí. También para
mí fue extraño pasar la Navidad con frío y nieve, como
en los cuentos que me leías de niño.... Ya te lo dije antes,
me siento extraño.
Como sé que vos sós de lágrima fácil, te lo digo
ahora: no quiero que llores; yo estoy siempre con ustedes aunque me encuentre
acá.
He comprado para vos discos de villancicos españoles; así podrás
recordar tu niñez cuando vivías en Galicia. En cuanto tenga
un permiso y pueda ir a casa, te los llevaré y celebraremos nuestra
Navidad, aunque sea en Mayo o Junio; ¡qué importa si estamos
juntos!.
He leído con mucha preocupación las últimas noticias
de la Argentina y confío que no les haya pasado nada a ustedes. Yo
le he dicho al coronel que mi sueldo se lo envíen a Buenos Aires mientras
que dure mi misión.
Viejita, vos no tenés que preocuparte. Estoy con buena gente y voy
para ayudar a gente necesitada. Todo irá bien y tan pronto como pueda
os enviaré noticias desde allá.
Os envío besos y abrazos para todos.
Óscar
Kabul, 25 de Febrero de 2002
Querida vieja:
Hace pocos días que llegamos a Afganistán. Los ingleses nos
han asignado unos barracones que antes habían ocupado los talibanes.
Las primeras dos semanas hemos estado ocupados en la instalación y
limpieza de nuestros alojamientos. Desde hace un par de semanas hacemos patrullas
por Kabul: unas veces nos acompaña un soldado inglés y otras
veces policía afgana. La gente nos mira con respeto, pero sin temor.
El otro día nos hizo una visita el Primer Ministro para darnos las
gracias por nuestra colaboración. Fue una recepción muy formalista
y sencilla. Tampoco podía ser de otra manera, porque falta casi de
todo, menos comida afortunadamente.
Casi todos los días hay mercado de todo: frutas, verduras, carne, radios,
fotos de artistas,..... lo que se dice, de todo. Imaginate el mercado de San
Telmo en Buenos Aires, pero sobre una calle sin pavimentar y sin veredas y
que, en vez de vender cosas antiguas como es allá, te venden lo mismo
un cordero vivo que una pieza de fruta. Los mandos nos han recomendado que
procuremos no comprar alimentos en el mercado para evitar infecciones. No
te podés hacer idea de las ganas que tengo de comerme un buen bife;
me da lo mismo que sea de lomo o de chorizo.
Kabul es una ciudad destrozada por las guerras: la invasión de los
rusos, los talibanes contra los rusos, luego los talibanes contra los propios
afganos y, por último, los americanos contra los talibanes. No hay
un solo edificio que no tenga señales de la guerra.
Sin embargo, la gente de Kabul parece hospitalaria. Como ocurre en cualquier
sitio los niños son quienes más han sufrido; y no podés
imaginarte lo felices y alegres que están ahora que pueden jugar en
la calle, aunque tengan poco para comer.
Hace unos días me quedé sin comer por darle mi ración
a una pobre viuda que tenía un niño de dos años y la
mujer no tenía trabajo ni medios para alimentar a su hijito. Además
los talibanes la habían azotado en los pies por salir de su casa para
pedir limosna. La mujer no podía andar bien y tenía los pies
repletos de horribles cicatrices.
Le hemos solicitado al capitán que le ofrezca un empleo de limpiadora
para poder ayudarla y no ofenderla con nuestra limosna. Nos ha dicho que estudiará
el caso.
Os voy a pedir un favor: Enviadme caramelos, chicles, dulce de leche, alfajores,....;
cualquier golosina que se os ocurra. Son para los niños de acá.
Resulta inimaginable como la felicidad ilumina su cara cuando les entregas
una golosina. Es maravilloso.
También se ha hecho muy amigo de nosotros un muchacho de unos 12 años
que se llama Abdul. Con el tiempo este chico será nuestro intérprete
puesto que le estamos enseñando unas palabras de español y no
te podés imaginar la facilidad y rapidez con la que aprende. Él
procura enseñarnos algo de pastún, que es el idioma más
hablado en esta zona, pero es tan complejo que no creo que nos podamos entender
con la población en su propio idioma.
Hoy nos han comunicado que unos 15 ó 20 de nosotros iremos a Kandahar
para colaborar con los americanos durante un mes. Sé que es una zona
un poco dura, pero no habrá peligro para nosotros.
Ya os contaré como están las cosas por allá.
Besos y abrazos para todos
Óscar
Kandahar, 16 de Marzo de 2002
Querida vieja:
Hace dos semanas que llegamos a Kandahar. Nos han acomodado en el mismo cuartel
que están los americanos y pasamos todo el día junto con ellos.
Hay muchos latinos, pero el español que hablan es muy pobre y entremezclan
muchas palabras del inglés. ¡Cómo me acuerdo ahora de
vos cuando me decías que tenía que estudiar más inglés!
¡Cuánta razón tenías!. Pero, con lo que sé
y el español que ellos hablan nos conseguimos entender bastante bien.
Acá la gente es mucho más brava que en Kabul. Aunque ahora las
mujeres pueden salir a la calle y no están obligadas a llevar la burka,
esa prenda que les cubre la cara y todo el cuerpo, son muy pocas las que se
atreven a salir solas y casi todas llevan esa burka.
Cada vez que salimos a la calle tenemos que ponernos un chaleco contra las
balas y nos movemos con unas tanquetas blindadas blancas que llevan los señales
de las Naciones Unidas.
En cuanto que vaya por Buenos Aires tendré que acudir al sicoanalista;
ahora me siento extraño en tierra extraña y entre gente mucho
más extraña.
No tenés que asustarte, sólo estoy de broma; pero la gente que
hay en este lugar y los talibanes que quedan son gente verdaderamente extraña.
Al poco de llegar se acercó a nuestro cuartel una mujer muy anciana
a pedirnos ayuda. De primeras, los americanos no le hicieron mucho caso y
fuimos mis compañeros españoles y yo quienes nos dimos cuenta
de lo que le pasaba. Los talibanes le dieron de golpes por todo el cuerpo
días antes de abandonar Kandahar y las heridas, que aún no se
le habían curado, estaban infectadas.
Su estado era peor que el de aquellos afortunados que, durante la época
de la dictadura militar, conseguían salir con vida después de
haber pasado varios días arrestados por los milicos.
Cuando le explicamos al médico de los americanos la situación,
se ofreció a curarla y le dio unos antibióticos. Lo más
penoso para ella fue cuando le dijimos que nos tenía que mostrar su
espalda para curarla; ella se negaba por pudor pero al final pudimos convencerla.
La pobre mujer nos daba las gracias con los ojos llenos de lágrimas.
No hacía más que decir "Tenkyu, tenkyu".
Estuvo viniendo por el cuartel durante tres días seguidos y nos decía
"Tenkyu Ameerica"; le curábamos las heridas y se iba. Precisamente
el tercer día, antes de irse, estuvo hablando con el intérprete;
luego, él nos comentó que un vecino la había amenazado
por venir al cuartel y tenía miedo, por lo que ya no volvería.
Hemos tratado el caso con las autoridades locales y desde entonces vamos a
su casa para curarle las heridas acompañados de un policía afgano.
Ella sigue diciéndonos "Tenkyu Ameerica" y parece haber perdido
el miedo.
Mi vieja, no te podés imaginar lo feliz que me siento ayudando a esta
pobre gente. ¿Te acordás cuando en Buenos Aires yo decía
que todo estaba muy mal?. Aunque es cierto que allá las cosas están
mal, lo que estoy viendo acá es auténtica penuria; y yo sé
que estoy haciendo algo útil para ellos. No me arrepiento de haber
venido a esta tierra extraña.
Besos y abrazos para todos
Óscar
Doña Eulalia Castro
Buenos Aires
Argentina
Estimada Señora,
Tengo el penoso deber de dirigirme a Vd. para comunicarles el fallecimiento
del cabo Óscar Alfredo Bonfani Castro en cumplimiento de una misión
en el área de Kandahar, Afganistán.
Por los informes de que dispongo, la tanqueta de las Naciones Unidas en la
que patrullaba por un suburbio de la ciudad fue atacada por guerrilleros incontrolados
y, al tratar de escapar de la emboscada, pisó una mina cuya explosión
produjo el fallecimiento de los tres ocupantes.
El cabo Bonfani era muy apreciado por sus compañeros y los oficiales
con los estuvo destinado. Todos ellos y yo mismo sentimos profundamente la
pérdida de una excelente persona y un gran soldado que siempre estuvo
dispuesto a cumplir sus misiones con disciplina, eficacia y una gran carga
de humanidad.
El personal de la embajada española en Buenos Aires tiene instrucciones
mías para facilitarle a Vd. y su familia toda la ayuda y el apoyo que
necesiten para que puedan asistir en Madrid a las honras fúnebres y
los honores militares que se le rendirán a su hijo en este Ministerio
de Defensa, donde tendré el honor de recibirla así como de imponer
al cabo Bonfani la medalla al Mérito Militar con distintivo blanco
a título póstumo.
Junto con mi condolencia le hago llegar unas cartas que su hijo llevaba consigo
y que supongo no pudo enviárselas en el momento de su redacción.
Es resto de sus efectos personales se los entregaremos tan pronto como lleguen
a Madrid.
Reciba mi más sentido pésame,
El Ministro de Defensa
Reino de España