Gabriel
Impaglione es periodista y poeta. Esta radicado en Luján, Buenos Aires.
Editó en el Taller del Poeta, dirigido por Fernando Luis Pérez
Poza (Galicia/ España) Breviario de cartografía mágica,
2002, y Bagdag y otros poemas, 2003. En 1994 publicó en Editorial Gráfica
Flandria Echarle pájaros al mundo.
Publica en una treintena de revistas literarias de la red y en publicaciones
gráficas. Obtuvo diversas distinciones por su trabajo literario y periodístico.
Actualmente co dirige el portal www.lujanargentina.com el sitio de la ciudad
donde habita.
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POESÍA |
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|---|---|---|
| Hipocresía | En el orillo del aire... | No había palabras... |
| Modernidad | Desde el primer asado... | Esa mujer tiene... |
| Ausencias |
Esa mujer tiene miles de tentáculos.
Está llena de
imanes azules, de abrazos constrictores.
El aire, a su alrededor, envuelve como un tornado.
Esa mujer es adhesiva.
Su sangre es un cemento
de contacto
y su cabello lanza increíbles nudos marineros.
Echa dardos atados a una soga.
Esa mujer es centrífuga.
Tan llena de luz encandila
tejiendo su red vertiginosa.
Tiene dulces rejas de atraparme.
Esa mujer succiona como remolino, me naufraga.
Rendido en
su centro
giro en la hondura de sus ojos magnéticos.
No había palabras
entonces sino sólo aire
lleno de rumores de desolada piedra
y apenas el triste esqueleto de las arboledas
velando, roído, su dolor de huecos.
El mundo era una ciudad
devastada.
Ruinas cruzadas de áspero viento negro,
ahogado mugido, desteñida impotencia.
Aprendí el canto
que tu boca me trajo
con calladas navegaciones bajo la llovizna.
Luego llegaron
las hojas y los pájaros,
después la luna hundió su luz desnuda
y las cosas tuvieron tu razón definitiva.
Abrir los pasadizos
secretos
de las horas deshojadas,
a tientas intentarlos,
ocupando las manos,
la terca voluntad de taladro,
la inconsciencia empuñando
el oficio de topo abecedario.
En el final de cada túnel
a veces, la poesía.
Desde el primer asado de magaterio
Desde el primer
asado de megaterio
hasta la globalización, el hombre
ha estado enredado en sombras
llenas de rumores, púas en las palmas.
Aguijones surcando horas vacías,
cargando una repetida pregunta
empecinada:
Cómo se domestica
el pájaro de la risa?
En el orillo del aire y de la albahaca
En el orillo
del aire y de la albahaca,
en el revés del viento y del salitre.
En cada hora
caída en la arena,
en los descalzos sueños revelados.
Tu nombre,
como si cada sustancia
del mundo, amor, te perteneciera.
Como si todo
llegara de tus manos:
el aire, el agua, la tierra y la ausencia.
Ausencias
Cada niño
partido
cada madre cegada
cada hombre astillado
se lleva su estrella a otra hondura.
Por eso la noche cae, clausurada
como humo espeso
en la Mesopotamia.
Ha sucedido siempre
bajo cualquier guerra.
Las estrellas mueren bajo metralla.
Y queda un infinito
hueco funerario
raspado por las balas.
Hipocresía
En nombre de
Dios
la blasfemia
y en cada asesinato
una uña de Dios
un pelo
una arteria de Dios
un palmo de alma
pudriéndose
de hipocresía.
Modernidad
Para los gerentes
de las petroleras
y de las fábricas de armas
el Jardín del Edén estaba incompleto.
Por eso estallidos
llamaradas humaredas tableteos.
Entre el Tigris y el
Eufrates
brilla en esplendor el Nuevo Orden.